La falta de sueño en la adolescencia se relaciona con el desarrollo de esclerosis múltiple.

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Por: www.elmundo.es

Un estudio apunta que los patrones de sueño irregulares y la escasez de descanso nocturno en la juventud es un factor de riesgo

Un estudio realizado en Suecia ha encontrado una asociación entre la falta de horas de sueño o el sueño de mala calidad durante la adolescencia y un mayor riesgo de desarrollar esclerosis múltiple en la edad adulta. Los resultados se publican en la revista Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry.
Registrar suficientes horas de sueño reparador mientras se es joven puede ayudar a prevenir la afección, como sugieren los investigadores del Instituto Karolinska.

El desarrollo de la enfermedad neurodegenerativa se encuentra mediado por factores genéticos y ambientales, como fumar, el peso en la adolescencia (IMC), la infección por el virus de Epstein-Barr, la exposición al sol y la vitamina D, señalan los investigadores.

Además, los horarios laborales a turnos también se han relacionado con un mayor riesgo de la afección, particularmente a una edad temprana, pero aún no se ha evaluado completamente si los patrones de sueño (duración, interrupción del reloj biológico y calidad del sueño) pueden afectar este riesgo, agregan.

El sueño insuficiente y un mal descanso durante la adolescencia puede suponer un factor de riesgo que aumente las posibilidades de desarrollar esclerosis múltiple (EM). El estudio sueco realizado por del Instituto Karolinska que permite realizar esta afirmación ha involucrado a más de 5.000 sujetos sanos y enfermos de entre 12 y 19 años.

Los investigadores se centraron particularmente en los patrones de sueño desarrollados entre los 15 y los 19 años, y el análisis final incluyó a 2.075 personas con EM y 3.164 sin la afección en este grupo de edad cuando se reclutaron para el estudio.

Pablo Villoslada, neurólogo líder del grupo de Neuroinmunología del Idibabps-Hospital Clínic y profesor adjunto en la Universidad de Stanford, explica a SMC que “el grupo del Instituto Karolinska lleva años trabajando en la epidemiología de la esclerosis múltiple y hacen estudios muy rigurosos, como es este caso. Hasta ahora no había una evidencia clara de que la falta de sueño en adolescentes fuese un factor de riesgo”.

¿CÓMO SE MIDIÓ LA RELACIÓN DE LA CANTIDAD DE SUEÑO Y EL RIESGO DE ESCLEROSIS MÚLTIPLE?

Se preguntó a los participantes sobre sus patrones de sueño a diferentes edades: la duración del sueño en los días de trabajo o escuela, y los fines de semana o en los días libres. El sueño corto se definió como menos de 7 horas/noche; sueño adecuado de 7 a 9 horas; y sueño prolongado como 10 o más horas.

Los cambios en el tiempo de sueño entre los días de trabajo/escuela y los fines de semana/días libres se calcularon durante la adolescencia de 15 a 19 años y se clasificaron como menos de 1 hora/noche, 1 a 3 horas y más de 3 horas.

A los participantes del estudio también se les pidió que evaluaran la calidad del sueño durante diferentes períodos de edad usando una escala de 5 puntos, donde 5 es igual a muy bueno.

La edad promedio a la que se diagnosticó la EM fue de 34 años. La duración y la calidad del sueño durante la adolescencia se asociaron con el riesgo de un diagnóstico de EM, que aumentó junto con menos horas de sueño y una peor calidad.
En comparación con dormir de 7 a 9 horas por noche durante la adolescencia, el sueño breve se asoció con un aumento del 40% en el riesgo de desarrollar EM, después de tener en cuenta otra variedad de factores potencialmente influyentes, incluido el IMC a los 20 años y el tabaquismo. Pero el sueño prolongado, incluso los fines de semana o los días libres, no se asoció con un mayor riesgo de enfermedad neurológica.

De manera similar, la mala calidad del sueño evaluada subjetivamente durante este período se asoció con un aumento del 50% en el riesgo de desarrollar la afección.
En este sentido, Villoslada apunta que “por supuesto, se conoce bien que con la adolescencia cambia el patrón de sueño y que la mayoría de adolescentes están faltos de sueño, pero esto no tiene por qué aumentar el riesgo de la esclerosis múltiple.

En este estudio demuestran que dormir menos de siete horas aumenta ligeramente ese riesgo. Como ellos dicen, no quiere decir que esto sea la causa, podría ser la consecuencia de estar ya incubando la enfermedad (lo que se llama el pródromo de la enfermedad en medicina)”.

Los cambios en el tiempo de sueño entre los días de trabajo/escuela y los fines de semana/días libres no parecieron influir. Los resultados siguieron siendo similares cuando se excluyeron los que trabajaban por turnos.

El neurólogo del Idibaps explica que “respecto a cómo podría causar la falta de sueño un mayor riesgo de esclerosis múltiple, podría deberse a una peor regulación de la respuesta inmunitaria debido al estrés crónico de la falta de sueño. Todas las funciones fisiológicas como sueño y respuesta inmunitaria están muy relacionadas entre sí”.

CONCLUSIONES FINALES: UN MEJOR SUEÑO, FACTOR PREVENTIVO

Los investigadores advierten que sus hallazgos deben interpretarse con cautela debido a la posible causalidad inversa, por lo que la falta de sueño podría ser una consecuencia del daño neurológico y no al revés.

Pero señalan que se conoce que la falta de sueño y la mala calidad del mismo afectan las vías inmunitarias y la señalización inflamatoria, mientras que el reloj biológico también participa en la regulación de la respuesta inmunitaria.

Y explica que el sueño insuficiente o perturbado es común entre los adolescentes. Este es un fenómeno que se explica en parte por los cambios fisiológicos, psicológicos y sociales durante este período de edad. “También se han demostrado asociaciones entre el uso de las redes sociales y los patrones de sueño.

La disponibilidad de tecnología y acceso a internet en cualquier momento contribuye a que los adolescentes no duerman lo suficiente y representa un importante problema de salud pública”, agregan.

Finalmente, los autores concluyen que “el sueño insuficiente y la baja calidad del mismo durante la adolescencia parecen aumentar el riesgo de desarrollar en la edad adulta.

El sueño reparador suficiente, necesario para el funcionamiento inmunológico adecuado, puede ser otro factor preventivo”.

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