La nueva Plaza de España, la primera gran obra que inaugurará el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, será realidad en el plazo de un mes, como ha podido confirmar EL MUNDO. Tras dos años y medio de azarosos trabajos -interrumpidos varias veces por cuestiones relacionadas con el patrimonio-, ahora todo está a falta de “unos pocos remates” y de buscar un hueco en la agenda del regidor a finales de noviembre o principios de diciembre para la gran inauguración, como explican los artífices de la obra.

Durante estos dos años largos de trabajos -y más de 74 millones de inversión-, gran parte de la plaza y de su entorno han permanecido cerrados al tránsito de peatones y en parte al tráfico de vehículos, provocando numerosos atascos.

A final de año, la retirada de las vallas y de los obreros dejará al descubierto una gran y nueva área peatonal en pleno centro de Madrid que permitirá recorrer a pie un largo trecho desde la calle Bailén en su esquina con Mayor hasta la calle Ferraz, pasando por numerosos palacios, iglesias, altas instituciones y zonas verdes históricas del centro de la capital de España.

La obra, de gran complejidad por los distintos restos arqueológicos hallados durante su ejecución, servirá de culminación de la peatonalización de la plaza de Oriente que llevó a cabo hace más de 25 años José María Álvarez del Manzano, el primer alcalde madrileño del PP.

Como explican desde el Ayuntamiento de Madrid, cualquier madrileño o turista podrá pasear a partir de 2022 desde la Catedral de la Almudena hasta la Plaza de España, los jardines de Sabatini o el templo de Debod, a lo largo de más de un kilómetro, sin cruzarse un solo coche.

Esta zona se convertirá, según estima el Consistorio, “en un nuevo polo de atracción turística de la ciudad” que cambiará la fisonomía del centro de la capital. En total, se extenderá a lo largo de más de 70.000 metros cuadrados y priorizará al peatón, trasladando todo el tráfico rodado existente hasta el comienzo de los trabajos al subsuelo de Madrid.

Este diario ha tenido acceso a todos los detalles técnicos de la obra, incluida la parte más compleja: la construcción de un megatúnel de más de un kilómetro que unirá la calle Bailén a la altura de Mayor (Centro) con la calle Ferraz, ya en el distrito de Moncloa-Aravaca. Este túnel es prolongación del actual de Bailén que transcurre bajo la plaza de Oriente. El nuevo discurrirá por dos tubos independientes, uno para cada sentido de la circulación y con dos carriles para el tráfico rodado en cada uno de ellos.

La obra, que ha costado 74,4 millones de euros, se convertirá en la primera gran inauguración de Almeida. Pero, en realidad, el proyecto lo diseñó y lo inició el equipo de Gobierno de Ahora Madrid que dirigió Manuela Carmena. En 2019, la Comunidad de Madrid tuvo que paralizar los trabajos porque le faltaba el preceptivo control arqueológico. Después, el descubrimiento de numerosos restos complicó más todavía la ejecución de la infraestructura.

El Ayuntamiento destaca que esta zona dará lugar a un entorno más verde y accesible, una amplia área que priorizará al peatón frente al “espacio obsoleto”, recalcan, en que se había convertido esta plaza del centro de Madrid.

En toda la zona se plantarán más de 1.000 árboles, que servirán para unir varias áreas verdes, algunas históricas: los jardines de Sabatini en el Sur; la Casa de Campo, el Campo del Moro y Madrid Río en el Oeste, y el parque del Oeste y el templo de Debod en el Norte.

Desde el Área de Obras y Equipamientos que dirige Paloma García Romero explican que uno de los objetivos fundamentales de esta reforma es la peatonalización total del eje Bailén-Ferraz para conectar varios espacios históricos y de alto valor cultural que estaban hasta ahora segregados.

Para ello, se han construido nuevas infraestructuras subterráneas que permitirán mantener el denso tráfico que había en superficie antes del comienzo de las obras, pero bajo tierra.

El nuevo megatúnel será en parte continuación del construido en los años 90 bajo el frontal del Palacio Real. Tendrá en total 1.150 metros de longitud y conectará en dos tubos con al menos dos carriles por sentido la calle Bailén a la altura de la calle Mayor con Ferraz entre Ventura Rodríguez y Luisa Fernanda, ya en el distrito de Moncloa-Aravaca.

El cruce de vías que estaba hasta ahora bajo el paso elevado de la esquina con Bailén y que comunicaba esta calle con la Cuesta de San Vicente y la Gran Vía se mantendrá, pero completamente bajo tierra y sin acceso peatonal. El juego de semáforos que había se mantendrá, ya que es necesario para ordenar todo el tráfico hacia la M-30 y la autovía de Extremadura o hacia el centro de la capital, como continúan explicando fuentes de la dirección de la obra.

El túnel antiguo que se construyó en los años 90 y que transcurre bajo el frontal del Palacio Real ha sido renovado en todas sus instalaciones -eléctricas, de luz, de ventilación y de seguridad-. Ese subterráneo, en vez de concluir frente al Senado, se prolongará hasta Ferraz a la altura de las calles Ventura Rodríguez y Luisa Fernanda, ya en Ferraz (Moncloa-Aravaca), donde estarán sus dos bocas, de entrada y de salida.

El volumen de tierra extraído, como explican a este diario fuentes del Área de Obras, asciende a 53.500 metros cúbicos, lo que se corresponde con 107.000 toneladas. Al hacerlo, los técnicos se toparon casi al principio con los restos del Palacio de Godoy, un edificio anexo al Senado que se demolió en parte en los años 30 del siglo XX. Bajo tierra quedaron intactos los sótanos y las bóvedas construidas en el siglo XVIII por Sabatini.

EL MÉTODO BELGA

El Ayuntamiento tuvo que cambiar en ese momento el método constructivo del túnel y sumergir el tubo que transcurre más cerca del Senado seis metros más bajo tierra. Para no destruir esos sótanos, que tras las obras serán visitables, la concesionaria comenzó a construir este subterráneo mediante el llamado método belga, es decir: a mano y con pico y pala, de forma casi artesanal.

Sin abrir el suelo y bajo los restos del palacio, se fueron instalando pilotes y un tejado bajo los muros a preservar para construir manualmente el túnel, con el sobrecoste y el exceso de tiempo que eso supuso. En total, salvaguardar los restos del Palacio de Godoy ha costado 9,9 millones de euros. Como explican fuentes municipales, no había alternativa: o se hacía así o se dejaba la obra inconclusa.

Además de estos restos, se encontró un muro con arcos en Ferraz que también hubo que rescatar, en este caso sacándolo a la superficie. Esta otra intervención provocó otro sobrecoste de 2,5 millones. Un total de 12,4 millones más sobre lo inicialmente previsto.

Los dos modificados del proyecto ampliaron la factura total de la obra de los 62 millones iniciales a 74,4 millones, un 20% más. Aun así, el presupuesto final ha sido 24,2 millones inferior al de licitación, que fue de 98,6 millones, porque la empresa adjudicataria presentó un proyecto notablemente más barato.

Con el método belga o en mina se han ejecutado unos 52 metros de túnel bajo los restos del también llamado Palacio de los Gobernadores, con un ancho de 8,5 metros.

La obra definitiva no sólo permitirá unir en un solo paseo a un mismo nivel espacios emblemáticos como el Palacio Real, los Jardines de Sabatini, el Campo del Moro, Madrid Río o la Gran Vía.

Además, el proyecto que será realidad en unas tres semanas integrará los restos arqueológicos descubiertos durante la realización de la obra. Serán visitables dos plantas del Palacio de Godoy, los contrafuertes de las antiguas Caballerizas Reales junto a los jardines de Sabatini y los restos del llamado camino de ronda del antiguo cuartel de San Gil, ya en Ferraz.

Para facilitar el recorrido, se realizará un itinerario arqueológico y se construirá un centro de interpretación de esta cornisa monumental de la ciudad que bordea el extremo suroeste del distrito Centro.

Fuente: www.elmundo.es