Ricardo Castro Calvo
Abogado
Costa Rica se aleja del sueño de la Suiza Centroamérica. Bajo ese esquema fui criado.
En 1986 después de debutar en la política como asistente del presidente de la República, Luis Alberto Monge, disfruté de la entrega del país al sucesor democrático, con cifras de justicia y equidad cercanas al Uruguay y a Noruega.
La crisis de la deuda externa de los años 1980 y 1981 estaba controlada y la economía de Costa Rica se abría camino a las nuevas exportaciones.
Hoy, sabemos por informes del Banco Mundial y de la CEPAL que nos ubicamos como uno de los países más desiguales del mundo.
Me abruma más, saber que, uno de cada tres compatriotas vive en pobreza. Léase bien: una tercera parte de Costa Rica es pobre.
La desigualdad y la pobreza pintan un futuro oscuro.
En nuestro país, el 20% de personas con mayores ingresos reciben entre el 75 y 80% de la riqueza. Al 20% de las personas con menos ingresos sólo les llega el 3% de la riqueza. Eso es inequidad.
De la franja media de la sociedad, donde se forjan los emprendimientos pequeños y medianos, en los últimos 18 meses quiebran 3 por día y no estamos haciendo nada para recuperar las empresas y reactivar la economía.
La educación pública ha dado paso a la educación privada por obligación. 10,000 estudiantes han pasado de las aulas públicas a las privadas durante la pandemia. La educación pública en Costa Rica recibe un 8% del presupuesto nacional. El Ministerio de Educación Pública es el mayor empleador del país. Algo mundialmente respetable, pero sin la calidad que se requiere. La tecnología no satisface la demanda estudiantil, a pesar de tener millones de dólares en reservas de instituciones que pueden dar respuesta al 100% de la demanda.
En los últimos 24 meses se han incorporado a la categoría de pobres, medio millón de personas. Entre ellos, estudiantes y muchachos que ni estudian ni trabajan (ninis). Estamos fabricando una bomba social de inmensas proporciones.
La corrupción es la respuesta a toda la política que vivimos. Los que deben pagar impuestos, los evaden. Los acuerdos de exoneración son pétreos. Otra bomba social que se cultiva.
La clase política debe responder a las necesidades de los costarricenses. Se avecinan elecciones presidenciales y de diputados. Hay que elegir a personas honestas, en todos los partidos, pero también a seres humanos con sentido social.
Fuimos y podemos ser el país más feliz del mundo, pero nos espera una dura tarea para alcanzar la equidad y eliminar la pobreza.

Manos a la obra.